La
sola mención de la palabra hace que las mujeres
tiemblen: el 90% debe enfrentarse a diario con la temida
piel de naranja.
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La
Definición |
La
celulitis –su nombre científico es paniculopatía
edemato-fibro-esclerótica– se forma por la
modificación del tejido adiposo subcutáneo.
“La
retención de líquidos y de toxinas favorece
la aparición de nódulos adiposos que provocan
esa alteración conocida como ‘piel de naranja’”,
explica Claudia Arata, directora técnica del laboratorio
Cinetic. Según agregan los representantes de los
laboratorios Vichy, “la piel dispone naturalmente
de millones de células capaces de acumular grasas
para su reserva: los adipocitos. Estos adipocitos pueden
incrementar hasta 60 veces su volumen. Se aprisionan en
el tejido fibroso formando verdaderos acúmulos
de grasa instalada. Debido al aumento del volumen de los
adipocitos se produce una compresión de los vasos
sanguíneos y los tejidos se infiltran en profundidad.
Es entonces cuando la superficie de la piel adquiere ese
aspecto ‘poceado’”.
Las causas de esta alteración son varias y bien
diversas. En primer lugar aparecen los factores genéticos
o hereditarios. También es muy importante la relación
con el sistema hormonal (básicamente es la razón
por la que los caballeros se ‘salvan’ de la
temida piel poceada). Según indican los especialistas,
“existe una relación evidente entre la aparición
de celulitis y las fluctuaciones hormonales a las que
se ve sometida la mujer a lo largo de su desarrollo (pubertad,
embarazo, postparto, menopausia y, por supuesto, la toma
de anticonceptivos). Tanto los estrógenos como
la progesterona tienen un efecto directo sobre el tejido
graso, siendo responsable del aumento del volumen de los
adipocitos en zonas específicas del cuerpo de la
mujer”. Sin pasar por alto la adicción al
tabaco, los problemas vasculares, el sedentarismo, la
mala postura y el estrés. Claro que en cualquiera
de los casos, habrá que recurrir a un profesional
para que diagnostique el grado de desarrollo de la enfermedad
y supervise su evolución.
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¿Las
causas? |
Varias.
Dietas, tratamientos y ejercicios para combatir este mal
del que pocas se salvan.
Hay una batalla diaria que únicamente las mujeres
deben enfrentar; o al menos, la mayoría de ellas.
Las cifras que arrojan las estadísticas se vuelven
tajantes: 9 de cada 10 mujeres padecen celulitis. Pero
no sólo eso. A medida que pasa el tiempo se comprueba
que aparece en mujeres cada vez más jóvenes.
En la actualidad, chicas que no llegan a los 15 años
deben aprender a convivir con este problema popularmente
conocido como ‘piel de naranja’.
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¿Los
términos ‘padecer’ y ‘problema’
le parecen demasiado? |
Como
quien no quiere la cosa, pruebe deslizar así como
al pasar la palabra ‘celulitis’ en una mesa
de mujeres. Caos, terror, horror, error fatal. Verá
como los rostros se desfiguran, la temperatura se eleva
y se suceden una serie de consejos, recetas caseras y
cuanto nuevo invento esté disponible para intentar
combatir este mal. Ni hablar de lo que pueden llegar a
decir de esa única mujer de la decena que, por
una sumatoria de razones, logra permanecer inmune al asunto.
Lamentablemente en esta nota no vamos a descubrir ninguna
receta, producto o tratamiento que por arte de magia logre
devolver la tersura de la piel. No se haga ilusiones.
En el rubro ‘celulitis’ los milagros no existen.
Se trata de combinar una buena alimentación, una
rutina de ejercicios y el tratamiento adecuado para cada
caso. Veamos.

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El
pez por la boca... |
Hay
una máxima que los especialistas en nutrición
enfatizan: “No está probado que la mala alimentación
sea desencadenante de la celulitis”. De todos modos,
existen ciertas pautas que pueden ayudar a disminuirla
o –al menos–, a que no aumente. “La
celulitis es una enfermedad que afecta al adipocito, lugar
en el que será depositado el excedente calórico
convertido en triglicéridos por el organismo en
el hígado –responde la doctora Susana Gutt,
jefa del Servicio de Nutrición del Hospital Italiano–.
Por
lo tanto, una dieta con demasiadas calorías producirá
un efecto negativo sobre un tejido adiposo afectado por
celulitis. Si esas calorías ingresan al organismo
como grasas saturadas, grasas trans o colesterol, las
consecuencias serán más nocivas. A diferencia
de las grasas saludables poliinsaturadas Omega3 u Omega9
y las grasas monoinsaturadas”. Si se trata de aconsejar
un plan de alimentación, Gutt advierte: “En
el caso de la celulitis, lamentablemente la dieta no influye
sobre el aspecto de la piel, pero sin duda una buena hidratación
ayuda a mejorarlo”. Y recomienda sumar al tratamiento
indicado por el dermatólogo “una alimentación
rica en frutas y verduras que no contienen grasas y aportan
agua, vitaminas y minerales; una porción de carnes
alternando entre rojas y blancas; cereales, legumbres,
harinas y semillas; y cubrir la ingesta de calcio con
lácteos y muy poca grasa para recibir los ácidos
grasos esenciales”.

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Mover
el esqueleto |
Otro
de los pilares de este tratamiento corresponde a la actividad
física. “Todo lo que sea activar la circulación,
la oxigenación de la sangre y el transporte de
nutrientes, sirve”, dice el profesor Daniel Tangona,
especialista en programas de entrenamiento personalizados.
Y agrega: “El Colegio Americano de Medicina y la
Clínica Mayo recomiendan realizar trabajo aeróbico
6 veces por semana. Es importante variar entre los distintos
tipos de ejercicios para que los resultados sean más
efectivos y además, evitar el aburrimiento. De
todos modos, no hay que dejar de lado el entrenamiento
con pesas o máquinas. Lo que hay que tener en cuenta
son las cargas, ahí radica el secreto del éxito
del programa”.
Además
de proponer una rutina de entrenamiento , Se Sugiere:
“Nadar, pedalear en bicicleta fija o de calle, caminar
o utilizar el step hidráulico. Todo lo que evite
el impacto. No conviene correr, ni saltar en clases violentas,
sobre superficies que no están preparadas”.
Y por último están los tratamientos, como
pueden ser los medicamentos y los tratamientos externos:
cremas y diferentes tipos de masajes que aportan lo suyo
para que la piel de naranja se convierta en el menor tiempo
posible en piel de durazno.