La
piel dispone de sus propios tensores naturales,
denominados fibroblastos, que son células
encargadas de producir colágeno y elastina.
Sin embargo, con el paso del tiempo estas células
disminuyen su actividad, y empiezan a reaccionar
negativamente ante algunos agentes como el sol,
la mala alimentación, el estrés y
los cambios bruscos de peso. La disminución
del nivel de agua en la dermis es otro de los factores
que acompañan a este trastorno, y es así
como poco a poco, la flacidez -que es la alteración
en la elasticidad de los tejidos a nivel cutáneo
o muscular- empieza a aparecer en forma pronunciada
en muslos, brazos, glúteos, abdomen y busto,
entre otros.
Para
solucionar este problema, lo más recomendable
es comenzar una rutina diaria de ejercicios, que
permita tonificar las áreas afectadas.
Y es que cuando una persona lleva una vida sedentaria,
las fibras musculares tienden a atrofiarse, ya que
el colágeno y la elastina se ven afectados
por la falta de nutrientes y de una adecuada oxigenación.
La
pérdida de firmeza es resultado del envejecimiento,
pero no es exclusivo de la edad madura; hay ciertos
factores que aceleran la relajación de los
tejidos.
Son
muchos los motivos que pueden llevar a un progresivo
relajamiento y flacidez de la piel, y se hace necesario
conocerlos para poner soluciones y recuperar el
tono de la piel y su aspecto radiante. Entre los
más importantes:
El
paso del tiempo
A
medida que pasan los años, las células
de la epidermis pierden su capacidad para regenerarse
y su poder de contención de las fibras musculares,
de manera que el peso acaba venciendo la resistencia.
La pérdida de firmeza es una señal
evidente del envejecimiento, aunque no es exclusivo
de la edad madura, pues hay otros muchos motivos
que pueden generar una pérdida prematura
del tono y la tersura de la piel, como veremos más
adelante.
En circunstancias normales una piel joven es elástica
y flexible, pero con los años la maquinaria
que permite la renovación constante de las
capas que forman la piel se hace cada vez más
lenta. Además se reduce la capacidad de circulación
de la sangre y la densidad de la red de capilares
que riegan la piel, lo que reduce el aporte de oxígeno
y nutrición a las células encargadas
de hidratar y equilibrar. Las consecuencias del
paso del tiempo en la piel son: pérdida de
flexibilidad y elasticidad, sequedad, aparición
de arrugas y presencia de manchas y pigmentaciones.
El embarazo
El
embarazo es sin duda una de las pruebas más
duras para la piel de la mujer. Durante el periodo
de gestación las fibras elásticas
de la piel se ven sometidas a una gran tensión
por varios factores que veremos a continuación,
y que trae consigo para la mujer el riesgo de que
su piel quede marcada para siempre.
-
Cambios hormonales: las fluctuaciones en los
niveles de hormonas pueden alterar significativamente
la apariencia de la piel o reducir la capacidad
de regeneración de los tejidos en algunas
partes del cuerpo, lo que desemboca en pérdida
de firmeza.
-
Variación de peso: por término
medio, el aumento de peso durante el embarazo
oscila entre los 9 y los 13 kilos, produciendo
una dilatación muy acusada de las fibras
dérmicas del vientre y los pechos, principalmente.
Aproximadamente un año después
del parto, el cuerpo habrá vuelto a su
peso normal, pero no así la piel, que
en caso de no ser tratada con cuidados y mimos
especiales, sufrirá las consecuencias
en forma de flaccidez, estrías y líneas
marcadas.
-
Hinchazón de las extremidades inferiores:
el aumento de peso puede producir una hinchazón
de las piernas y los tobillos, que también
deben ser tratados para que, al final de la
gestación, no queden signos aparentes.
El sedentarismo
A
la larga, el sedentarismo y la falta de movimiento
tienen un efecto pernicioso sobre la firmeza y tono
de la piel. El ejercicio es un gran estimulante
de todos los procesos que ponen en marcha la renovación
de la piel: se estimula la circulación de
la sangre, lo que permite nutrir a las células
que dotan de elasticidad y flexibilidad a nuestra
dermis; se incrementa el drenaje linfático
que permite la eliminación de toxinas en
las capas superiores de la piel y, además,
se liberan una serie de hormonas que hacen a la
mujer que practica deporte más atractiva
a los ojos propios.
Los cambios bruscos de peso
Al
igual que ocurre durante el embarazo, los cambios
bruscos de peso como consecuencia de una disfunción
alimenticia u hormonal suelen acarrear importantes
y negativas consecuencias para la firmeza de la
piel. Los cambios de volumen de determinadas áreas
del cuerpo dilatan y contraen los tejidos a una
velocidad que el cuerpo no es capaz de asimilar
adecuadamente.
El estrés, la polución y el entorno
La
piel está íntimamente relacionada
con los sistemas inmunitario y nervioso del cuerpo,
de modo que ante agresiones externas como el estrés,
la polución o los cambios de temperatura
el organismo responde liberando sustancias que al
actuar sobre las células de la piel pueden
provocar una inflamación y desestabilización
de la dermis.
Estas agresiones desde el exterior actúan
en la piel de un modo similar que el paso del tiempo:
se produce un envejecimiento prematuro, y las células
responsables de regenerar la superficie de la dermis
no son capaces de responder adecuadamente a la necesidad
de recuperación.
La menopausia
Durante la menopausia, la piel de todo el cuerpo
experimenta una serie de cambios que se traducen
en la pérdida de elasticidad y la deshidratación
de la dermis. Esto es debido a que la reducción
de los estrógenos propia del climaterio trae
consigo una reducción del componente responsable
del espesor de la piel, denominado Colágeno
Tipo4.
El déficit hormonal que comienza en la menopausia
se mantendrá a lo largo de toda la vida de
la mujer, lo que revela la importancia de los cuidados
a la piel durante el tiempo posterior al climaterio.
Las estrías
Las
estrías son una de las grandes enemigas de
la firmeza y la belleza de la piel. Fundamentalmente
suelen aparecer por cambios bruscos de peso, embarazo
o cambios hormonales. Pero también hay que
tener en cuenta el factor genético: la predisposición
a las estrías puede heredarse de madres a
hijas.
Las estrías son el resultado de la rotura
de las fibras de elastina –el componente que
da elasticidad a la epidermis- y del desgarramiento
del colágeno. Cuando la piel se estira, las
fibras con menor elasticidad se rompen, de forma
que nuevos tejidos actúan a modo de cicatrización
y reemplazan al tejido original.
Los
malos hábitos
El
tabaco, el alcohol, el abuso del sol y una incorrecta
alimentación, son grandes enemigos de la
salud de la dermis.
Fumar acelera el envejecimiento de la piel, pues
algunas sustancias incluidas en el tabaco provocan
la oxidación de las células cutáneas.
El alcohol actúa como deshidratante de la
piel. Para su metabolismo, el cuerpo necesita disponer
de mayores cantidades de agua, por lo que su abuso
se refleja en una mayor sequedad de la piel.
La exposición prolongada al sol es otro hábito
a considerar, pues los rayos ultravioleta también
son responsables de la oxidación celular
y, en ocasiones, los daños que producen no
se solucionan con la crema hidratante.
Otro aspecto que no se puede descuidar es la alimentación.
Para tener una piel firme no es necesario ser estricta
en la limitación de los alimentos, ni tampoco
imponerse dietas de ningún tipo. Las tallas
grandes también pueden mantenerse bellas
con una piel cuidada, pero controlar los excesos
evitará el sometimiento a un régimen
que provoque un cambio significativo en el volumen
y elasticidad de la piel en zonas problemáticas.
Y por último, recordar la importancia del
agua como elemento básico para la salud y
la firmeza de la piel. Para hidratarla y purificarla
es conveniente ingerir, a lo largo de todo el día,
un mínimo de dos litros de agua. También
es importante consumir frutas y zumos naturales,
que están compuestos en su mayor parte de
agua.
Cuidados
y prevención
La
estimulación mecánica es muy importante
e insustituible. Puede provenir de dos vías:
del ejercicio físico, que tonifica la masa
muscular bajo la piel y tensa los tejidos, así
como el masaje, realizado mediante presiones que
aumenten la circulación sanguínea
y linfática. Si se acompañan con cremas
específicas, los beneficios serán
mayores.
Aplicaciones en la piel
-
Una exfoliación previa, esencial para
eliminar células muertas, prepara la
piel dejándola mas receptiva a la acción
de los tratamientos que realicemos.
-
Se masajean suavemente las zonas frágiles
(pecho y abdomen) y se friccionan las zonas
más rugosas (muslos, caderas, rodillas
y codos). Indicada tres veces por semana.
-
Los Geles y cremas modeladores y reafirmantes:
alisan la piel de naranja, favorecen el drenaje
linfático y tonifican la piel. Recomendado
en la mañana y en la noche.
-
Loción hidratante y reafirmante: Además
de hidratar, también favorece la tonicidad
y además le aporta a la piel un sutil
brillo.
- Las
cremas y tratamientos que se aplican en muslos,
cadera, glúteos y vientre se aplican
con movimientos circulares, que abarquen toda
la zona.
En cambio, en las pantorrillas y brazos se deben
aplicar como si se estuviera poniendo una media
o un guante, respectivamente.
Mejora
la postura
1. De pie, con el peso del cuerpo sobre los talones.
Apoya la palma de la mano derecha entre el hombro
izquierdo y el cuello. Deja caer el codo derecho.
Con la espalda recta, respira tranquilamente
2.
Levanta lentamente el brazo izquierdo pero sin elevar
el hombro. Bájalo, también lentamente.
Repite 10 veces. Realiza este ejercicio con el otro
lado.
Fortalece
el abdomen
1. El peso del cuerpo sobre los talones y los hombros
muy relajados. Coloca la mano derecha sobre las
costillas izquierdas, encima de la cintura. Inhala
lenta y profundamente, de modo que se abra la caja
toráxica.
2.
Exhala por la boca para vaciar todo el volumen de
aire contenido en el vientre. Atención: las
costillas debajo de la mano no deben moverse. Repite
cuatro veces en cada lado.
Si
hay una parte del cuerpo que va creciendo y soltándose
con el tiempo es el abdomen, más aún
si nuestro trabajo es sedentario.
Un problema de todas las mujeres que están
largas horas trabajando sentadas en el escritorio,
frente a la computadora, es la inactividad física.
Cada día que pasa ciertas partes del cuerpo
sufren afecciones por la postura que adoptamos.
Muchas veces no nos percatamos por efecto de la
rutina, sin embargo nos damos cuenta en nuestra
talla o peso, además de la forma y textura
de los tejidos musculares del abdomen y caderas,
los que no están lo suficientemente fuertes.
A
este tipo de problemática se denomina Sarcopenia,
que es la disminución de la tonicidad muscular
y el aumento del tejido graso; la solución
no está en solamente cambiar los hábitos
alimenticios, sino también hay que darse
el tiempo para realizar una rutina de ejercicio
físicos específicos; es decir mejorar
la "Calidad de Vida".