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Hormonas en Pie de Guerra

Aceite de Onagra
El consumir este aceite regula la producción de hormonas sexuales, estrógenos y testosterona. Así también disminuye los síntomas de SPM en la mujer. Controla la normal producción de grasa en la piel.

Fango volcánico termal
Aporta los minerales y oligoelementos esenciales para el metabolismo de la piel, acelerando los intercambios biológicos, estimulando la actividad de las células epidérmicas y restaurando el equilibrio cutáneo.


Tener un vientre plano, unos músculos firmes y una figura de ensueño depende, en gran medida, de las hormonas. El estrés, una alimentación inadecuada y una vida sedentaria pueden alterar su equilibrio y provocar alteraciones.

El cuerpo de una mujer siempre es más complejo que el de un hombre debido a su sistema hormonal. En las últimas décadas parece que las hormonas femeninas se han rebelado.
¿Se han vuelto locas? Los expertos dicen que no.
Lo que ocurre es que los estrógenos y demás hormonas femeninas son muy sensibles, y parece que se están adaptando a los estresantes estilos de vida de la mujer actual a la vez que intentan desarrollar su función.
Cosa nada fácil, ya que su trabajo consiste en crear las condiciones favorables para la procreación y para garantizar el equilibrio femenino. Por eso nos regalan momentos de euforia intercalados con horas de desánimo; días de piel fina seguidos de otros de granos; etapas de sexualidad desenfrenada precedidas por otras de indiferencia.

   
  El estado de la piel y las hormonas

Se puede ciertamente condicionar y alterar el estado de una piel (sol, jabones, etc.), pero los caracteres naturales de la misma, aquellos que podrían llamarse un don de la naturaleza, están condicionados por dos factores: herencia celular y hormonas.
La herencia, aunque ahora se la conoce mejor, sigue siendo por el momento imposible de manipular, al menos en el plano cutáneo, aunque existe indiscutiblemente.
El efecto de las hormonas es bien conocido y ahora se ha comenzado a determinar sus efectos sobre la piel y el cabello.

Para un buen conocimiento de la piel, la esteticista debe responder a dos condiciones:
- conocer muy bien su histología y fisiología,
- conocer las hormonas que tienen una incidencia en el estado de esa piel, es decir, la testosterona, los estrógenos y la progesterona, puesto que ahora se sabe que el estado de la piel se determina en gran parte por los efectos combinados de estas tres hormonas, denominadas hormonas sexuales.

   
  ¿Cuales son esas hormonas?

La testosterona ha sido llamada durante mucho tiempo la hormona masculina y los estrógenos han sido calificados de hormonas femeninas.

En realidad, ambos sexos poseen las tres hormonas secretadas por los testículos, los ovarios y las suprarrenales, esas pequeñas glándulas situadas debajo de cada riñón. Se considera sólo que el hombre tiene muchas más hormonas masculinas que femeninas, y viceversa para la mujer.
La proporción entre ambas puede variar hasta el infinito, según cada individuo.

Hoy se sabe que:

  • la hormona masculina, por su efecto sobre la glándula sebácea, influye en el estado de la epidermis, en particular sobre la sequedad o la lubricación de la misma
  • los estrógenos actúan más bien sobre el estado de la dermis, activando las funciones de los fibroblastos
  • en cuanto a la progesterona, sólo intervendría en competición con la testosterona, haciendo más lenta la conversión de ésta en dihidrotestosterona, que es una forma activa de la testosterona.

   
  Mecanismos de acción

La testosterona - La acción de la testosterona sobre la epidermis se ejerce, sobre todo, al nivel de la glándula sebácea a la que estimula, de cuya acción derivan la seborrea, el acné y la formación de la película hidrolipídica de superficie.

Esto explica que las pieles grasas o aneicas se observen sobre todo en la adolescencia y, de forma más frecuente, en la pubertad del varón, que es el momento de mayor producción hormonal.
Es probable que la testosterona actúe sobre la capa basal de la epidermis, cuyas divisiones podría activar.
Esta hormona estimula igualmente el folículo piloso, cuya fase anágena acelera. Hay que abordar entonces la cuestión de la piel grasa dentro del contexto hormonal.
El problema no es el mismo según se trate de un hombre o de una mu-jer, de un joven en periodo de pubertad, de un adulto o de una persona de edad, de una mujer antes o después de la menopausia.

Si la esteticista no puede tratar el trastorno hormonal, debe al menos conocerlo, para informar debidamente a su cliente y dirigirla hacia un endocrinólogo.

Los estrógenos - Se dice siempre estrógenos en plural, puesto que el ovario secreta varias hormonas bastante similares, que tienen efectos idénticos en el organismo, llamados efectos estrogénicos.

El estudio de los estrógenos de síntesis y de sus efectos sobre la piel, permite suponer que actúan sobre los fibroblastos estimulándolos.
El resultado de esta acción es una producción más importante de elastina, de colágeno y, posiblemente, de fibronectina y de laminina, que se manifiesta por una densificación de la fina red elástica superficial sub-basal (F.R.E.S.).

En el último congreso dedicado a este problema se ha llegado a la conclusión de que los estrógenos ejercen probablemente una acción estimulante sobre el fibroblasto, pero que todavía no es posible probar la existencia de receptores estrogénicos sobre la membrana del fibroblasto.

De ahí el éxito que tienen las cremas médicas a base de estrógenos o las cremas cosméticas que contienen extractos vegetales de efectos cutáneos estrogénicos.

Si se ha acordado atribuir a los estrógenos un efecto sobre la dermis, y en particular sobre su elasticidad, se les concede menos crédito en lo que se refiere a su acción sobre la epidermis.

Se tiene la seguridad de que no interfieren en la secreción sebácea. En cambio, es posible que los estrógenos jueguen un papel en la hidratación de la epidermis.
El desecamiento de la piel después de la menopausia parece corroborarlo.
¿Juegan un papel de amortiguador o de antagonista con respecto a la testosterona? Es poco probable.

La progesterona - No parece que la progesterona tenga un efecto directo sobre la dermis o sobre la epidermis.
Su papel es sin embargo importante. Veamos. Para ser eficaz, la testosterona necesita transformarse en dihidrotestosterona, una transformación que sólo puede efectuarse con ayuda de una enzima, la 5 reductasa.
Pero sucede que la progesterona utiliza también esta enzima a expensas de la testosterona.
Resulta pues que la progesterona juega un papel inhibidor competitivo frente a la testosterona.

En la menopausia de la mujer, al prolongarse la secreción de testosterona después de la desaparición de la progesterona, el cabello empieza a escasear en la parte superior del cráneo, apareciendo al mismo tiempo vello en el rostro.

Sería lógico entonces que la piel "se engrasara" un poco más por la activación de la glándula sebácea, pero se produce entonces una deshidratación debida al envejecimiento.
Hemos visto, en efecto, que había que distinguir la sequedad causada por la escasez de sebo y la provocada por la deshidratación de la epidermis.

*Las nociones que acabamos de exponer sobre el efecto de las hormonas sexuales en la piel han sido muy esquematizadas y simplificadas al máximo para hacerlas más asequibles a las lectoras.


El efecto en los cabellos

Los cambios hormonales se reflejan en el cabello tanto como en el estado de ánimo y físico de las mujeres. A pesar de esto, y de la evidencia de que hay unos días en que el pelo luce mucho mejor que otros, no se debe caer en la tentación de creer que es la única variable que afecta al brillo, el volumen o la manejabilidad de un cabello. Cualquier buen profesional sabe que hay muchos aspectos a tener en cuenta, desde la propia tendencia de cada uno hasta el clima en el que se encuentra, pero hoy hemos querido señalar un punto que, en ningún caso debe olvidarse al analizar la salud y el estado del cabello y el cuero cabelludo.


Cuando los estrógenos son las hormonas predominantes, el cabello refleja un mayor brillo y manejabilidad.
Los efectos de la pérdida de estrógenos provocados por el envejecimiento aparecen a distinta edad e intensidad según cada persona, por lo que sólo la observación nos podrá indicar en qué momento debemos empezar a combatirlos. Es importante tomar medidas en cuanto empiecen a surgir, pues la prevención es a menudo el mejor remedio. Mantener siempre el cabello sano e hidratado tratándolo de la manera idónea en cada momento es lo que más conseguirá retrasar la aparición de estos problemas.

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