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La resistencia de la piel a los radicales libres
disminuye con la edad. Y aunque el proceso de
envejecimiento es -hoy por hoy- imparable podemos
retrasarlo.
De
hecho, ya desde que aparecen las primeras arrugas
en el rostro (alrededor de los 30 años)
la cosmética nos ofrece diferentes estrategias
para frenar el paso del tiempo.
Para conservarse tersa la piel necesita renovarse
regularmente y estar protegida de los radicales
libres que son los principales responsables
del envejecimiento.
Mientras
una piel es todavía joven sus sistemas
de resistencia frente a los radicales libres
se encuentran en plena actividad. Lamentablemente,
con el paso del tiempo van perdiendo potencia
lo que se traduce en la aparición de
los síntomas evidentes del envejecimiento:
las arrugas y la flaccidez.
Afortunadamente, en la actualidad existen diferentes
estrategias para mejorar -e, incluso, retrasar-
las arrugas cutáneas siendo más
difícil el reto de combatir la flaccidez.
Con unos cuidados básicos el aspecto
de la piel puede mejorar notablemente.
¿Qué
son los Radicales Libres?
Los radicales libres son los peores enemigos
de la piel. Se liberan cuando uno se expone
al sol, fuma o vive bajo estrés.
Se estima que hasta el 90 por ciento del
envejecimiento prematuro es originado
por ellos.
Que las arrugas están relacionadas
a la edad es un hecho científico
evidente. Pero también lo es el
que algunos factores inciden en que la
piel se vea con más edad de la
real: la polución, el sol, la deshidratación
y los tristemente célebres radicales
libres. Estas son moléculas que
el cuerpo libera por reacciones bioquímicas,
o debido a la acción de compuestos
químicos. Los radicales libres
son extremadamente reactivos, oxidativos
e inestables y son capaces de destruir
otras moléculas o lazos entre átomos,
causando la formación de nuevos
radicales. Es decir, son una especie de
plaga con efectos directos en diversos
procesos degenerativos de las células.
¿De dónde vienen?
Contrario a lo que pudiera pensarse, no
todos los radicales libres son dañinos,
ya que hay algunos que son producidos
por el sistema inmunológico (aquel
que nos defiende de las agresiones externas)
para matar bacterias y hongos. Una vez
que cumplen su objetivo son neutralizados
por el organismo, mediante la activación
de enzimas llamadas catalasa y dismutasa,
las cuales "desarman" a los
radicales libres para evitar que generen
estado de desequilibrio.
Por otra parte, dichos elementos también
ingresan al organismo a través
de procesos naturales como el de la respiración;
para entender mejor lo anterior, conviene
considerar que el cuerpo utiliza oxígeno
para obtener energía de los alimentos
y a su vez suministrarla para que todos
los órganos realicen sus funciones
bioquímicas. El procedimiento se
desarrolla en la sangre, donde participa
importante proteína llamada hemoglobina
(que contiene hierro), gracias a la cual
el vital líquido puede absorber
50 veces más oxígeno que
el agua.
A este complejo proceso esencial para
vivir se le denomina oxidación,
y durante él se generan los populares
radicales libres a fin de matar bacterias
y brindar cierta protección al
organismo. Sin embargo, factores como
la contaminación, determinados
productos químicos de uso doméstico,
ciertos medicamentos, tabaco, rayos X
y pesticidas pueden incrementar su producción
y con ello generar problemas importantes
de salud, por ejemplo, cáncer.
Asimismo, dichos elementos contribuyen
al proceso del envejecimiento cuando toman
el electrón que les hace falta
de las células del tejido colágeno
de la piel, lo que deriva en pérdida
de elasticidad, resequedad y aparición
de arrugas.
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La
forma en que vivimos es lo que más
define los años de nuestra piel |
Los
expertos calculan que el 80% de los signos del
envejecimiento facial no están causados
por el paso del tiempo sino por factores externos
como el sol, la mala alimentación o el
tabaco.
La radiación ultravioleta -de la que
no debemos protegernos únicamente en
verano- es la responsable de muchas de las arrugas
y manchas. Por eso es tan importante que utilicemos
a diario una crema hidratante o base de maquillaje
con al menos un factor de protección
15.
Además, la nicotina es una de las sustancias
que más ataca el colágeno y contribuye
así a la pérdida de firmeza; la
vasoconstricción provocada por el tabaco
otorga un aspecto apagado a la epidermis y el
gesto de aspirar el humo causa arrugas alrededor
de la boca.
En cuanto a la alimentación, una dieta
pobre en vitaminas resta luminosidad a la piel,
al igual que la falta de agua. Los beneficios
de las vitaminas han sido probados con éxito
y sabemos que potenciar los mecanismos de autoprotección
vitamínica retrasa los signos del envejecimiento
cutáneo. Nada tan sencillo para lograrlo
como tomar fruta y verdura en abundancia y beber
al menos dos litros de agua, preferentemente
fuera de las comidas.
Las dietas ricas en sal causan retención
de líquidos que se traducen en hinchazón
y bolsas bajo los ojos. Por otra parte, conviene
desterrar una creencia errónea: las dietas
vegetarianas demasiado estrictas tampoco son
lo mejor para la piel ya que carecen de aminoácidos
esenciales y oligoelementes indispensables para
la síntesis de colágeno como el
zinc presente en carnes, aves, pescados y lácteos;
el cobre de los mariscos, legumbres y cereales;
el hierro que hallamos en las carnes magras,
aves, pescados y legumbres; o la vitamina C
de cítricos y espinacas.
La falta de sueño es otro de los factores
que más acelera el envejecimiento y provoca
las antiestéticas ojeras. Y el ejercicio
habitual uno de los medios que más contribuye
a mantener la juventud. Ciertamente, poseer
una piel firme que resista el paso del tiempo
tiene mucho que ver con la genética familiar.
Sin embargo, la prevención mediante los
hábitos de vida sana y la protección
que hoy nos permite la industria cosmética
juegan también un papel importante.

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Juventud
Fugaz |
Las arrugas surgen en la capa intermedia de
la piel o dermis, formada por una compleja estructura
de fibras de colágeno y elastina que
dan a la piel sus propiedades de elasticidad
y densidad. Los glicanos -sustancias que influyen
en la síntesis de esas fibras- van disminuyendo
con el tiempo y en torno a los 60 años
hemos perdido el 50% de ellos con el consiguiente
aflojamiento del tejido cutáneo.
Las
primeras arrugas surgen alrededor de los 30
años y no suelen estar tanto provocadas
por la pérdida de glicanos sino por la
acción de los músculos de la cara.
Son las llamadas arrugas gestuales, propias
de personas muy expresivas y presentes sobre
todo en frente, entrecejo y alrededor de la
boca. En esta primera fase lo más eficaz
es la prevención con cremas hidratantes
usadas diariamente y protección solar.
A partir de los 35 años el óvalo
de la cara empieza a desdibujarse y el cuello
pierde firmeza. Surgen arrugas más profundas
en el entrecejo y en torno a la boca y debemos
comenzar a controlar las incipientes patas de
gallo con cremas de contorno de ojos. Como normal
general, a partir de los 40 años se necesitan
cremas humectantes, regeneradoras y reafirmantes;
los ingredientes que debemos buscar en nuestros
productos de belleza son la vitamina C, el colágeno
y la elastina.
Entre los 40 y 50 años los primeros signos
de descolgamiento se hacen evidentes; se marcan
las ojeras y el contorno de la boca pierde precisión.
En esas edades lo mejor es elegir productos
que frenen el relajamiento de la piel, la pérdida
de luminosidad y la deshidratación acelerada
como el retinol, un derivado de la vitamina
A que estimula el tejido celular y mejora la
resistencia cutánea. Si además
va asociado a la vitamina C, poderoso antioxidante,
reduce las manchas y blanquea la piel.
En torno a los 60 años las arrugas verticales
ganan intensidad, el surco que va de la nariz
a la boca se vuelve más pronunciado y
la piel se torna menos elástica y vigorosa.
Es muy posible que las arrugas profundas convivan
con las líneas más finas de expresión.
En esta etapa debemos elegir productos que compensen
la debilidad de la confluencia dermo-epidérmica
y cremas restauradoras de los lípidos
perdidos.

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