Contáctenos
volver
 
 
Tener una Piel Joven
Parte I

Crema de Ordeñe Aloe Vera
Acción Regeneradora La poderosa acción regeneradora del Aloe Vera unida al efecto tensor de la Jalea Real combate las arrugas, elimina la irritación y tirantés de las pieles muy secas, proporcionando alivio y bienestar inmediatos.

Máscara Tensora de Algas
Mascara a Base de Estractos de Algas posee nutrientes esenciales para el tratamiento de la piel. Topicando el rostro se obtiene un efecto tensor.


La resistencia de la piel a los radicales libres disminuye con la edad. Y aunque el proceso de envejecimiento es -hoy por hoy- imparable podemos retrasarlo.

De hecho, ya desde que aparecen las primeras arrugas en el rostro (alrededor de los 30 años) la cosmética nos ofrece diferentes estrategias para frenar el paso del tiempo.
Para conservarse tersa la piel necesita renovarse regularmente y estar protegida de los radicales libres que son los principales responsables del envejecimiento.

Mientras una piel es todavía joven sus sistemas de resistencia frente a los radicales libres se encuentran en plena actividad. Lamentablemente, con el paso del tiempo van perdiendo potencia lo que se traduce en la aparición de los síntomas evidentes del envejecimiento: las arrugas y la flaccidez.

Afortunadamente, en la actualidad existen diferentes estrategias para mejorar -e, incluso, retrasar- las arrugas cutáneas siendo más difícil el reto de combatir la flaccidez. Con unos cuidados básicos el aspecto de la piel puede mejorar notablemente.

¿Qué son los Radicales Libres?

Los radicales libres son los peores enemigos de la piel. Se liberan cuando uno se expone al sol, fuma o vive bajo estrés. Se estima que hasta el 90 por ciento del envejecimiento prematuro es originado por ellos.

Que las arrugas están relacionadas a la edad es un hecho científico evidente. Pero también lo es el que algunos factores inciden en que la piel se vea con más edad de la real: la polución, el sol, la deshidratación y los tristemente célebres radicales libres. Estas son moléculas que el cuerpo libera por reacciones bioquímicas, o debido a la acción de compuestos químicos. Los radicales libres son extremadamente reactivos, oxidativos e inestables y son capaces de destruir otras moléculas o lazos entre átomos, causando la formación de nuevos radicales. Es decir, son una especie de plaga con efectos directos en diversos procesos degenerativos de las células.

¿De dónde vienen?

Contrario a lo que pudiera pensarse, no todos los radicales libres son dañinos, ya que hay algunos que son producidos por el sistema inmunológico (aquel que nos defiende de las agresiones externas) para matar bacterias y hongos. Una vez que cumplen su objetivo son neutralizados por el organismo, mediante la activación de enzimas llamadas catalasa y dismutasa, las cuales "desarman" a los radicales libres para evitar que generen estado de desequilibrio.

Por otra parte, dichos elementos también ingresan al organismo a través de procesos naturales como el de la respiración; para entender mejor lo anterior, conviene considerar que el cuerpo utiliza oxígeno para obtener energía de los alimentos y a su vez suministrarla para que todos los órganos realicen sus funciones bioquímicas. El procedimiento se desarrolla en la sangre, donde participa importante proteína llamada hemoglobina (que contiene hierro), gracias a la cual el vital líquido puede absorber 50 veces más oxígeno que el agua.

A este complejo proceso esencial para vivir se le denomina oxidación, y durante él se generan los populares radicales libres a fin de matar bacterias y brindar cierta protección al organismo. Sin embargo, factores como la contaminación, determinados productos químicos de uso doméstico, ciertos medicamentos, tabaco, rayos X y pesticidas pueden incrementar su producción y con ello generar problemas importantes de salud, por ejemplo, cáncer.

Asimismo, dichos elementos contribuyen al proceso del envejecimiento cuando toman el electrón que les hace falta de las células del tejido colágeno de la piel, lo que deriva en pérdida de elasticidad, resequedad y aparición de arrugas.

   
  La forma en que vivimos es lo que más define los años de nuestra piel

Los expertos calculan que el 80% de los signos del envejecimiento facial no están causados por el paso del tiempo sino por factores externos como el sol, la mala alimentación o el tabaco.

La radiación ultravioleta -de la que no debemos protegernos únicamente en verano- es la responsable de muchas de las arrugas y manchas. Por eso es tan importante que utilicemos a diario una crema hidratante o base de maquillaje con al menos un factor de protección 15.

Además, la nicotina es una de las sustancias que más ataca el colágeno y contribuye así a la pérdida de firmeza; la vasoconstricción provocada por el tabaco otorga un aspecto apagado a la epidermis y el gesto de aspirar el humo causa arrugas alrededor de la boca.

En cuanto a la alimentación, una dieta pobre en vitaminas resta luminosidad a la piel, al igual que la falta de agua. Los beneficios de las vitaminas han sido probados con éxito y sabemos que potenciar los mecanismos de autoprotección vitamínica retrasa los signos del envejecimiento cutáneo. Nada tan sencillo para lograrlo como tomar fruta y verdura en abundancia y beber al menos dos litros de agua, preferentemente fuera de las comidas.
Las dietas ricas en sal causan retención de líquidos que se traducen en hinchazón y bolsas bajo los ojos. Por otra parte, conviene desterrar una creencia errónea: las dietas vegetarianas demasiado estrictas tampoco son lo mejor para la piel ya que carecen de aminoácidos esenciales y oligoelementes indispensables para la síntesis de colágeno como el zinc presente en carnes, aves, pescados y lácteos; el cobre de los mariscos, legumbres y cereales; el hierro que hallamos en las carnes magras, aves, pescados y legumbres; o la vitamina C de cítricos y espinacas.

La falta de sueño es otro de los factores que más acelera el envejecimiento y provoca las antiestéticas ojeras. Y el ejercicio habitual uno de los medios que más contribuye a mantener la juventud. Ciertamente, poseer una piel firme que resista el paso del tiempo tiene mucho que ver con la genética familiar. Sin embargo, la prevención mediante los hábitos de vida sana y la protección que hoy nos permite la industria cosmética juegan también un papel importante.

   
  Juventud Fugaz

Las arrugas surgen en la capa intermedia de la piel o dermis, formada por una compleja estructura de fibras de colágeno y elastina que dan a la piel sus propiedades de elasticidad y densidad. Los glicanos -sustancias que influyen en la síntesis de esas fibras- van disminuyendo con el tiempo y en torno a los 60 años hemos perdido el 50% de ellos con el consiguiente aflojamiento del tejido cutáneo.

Las primeras arrugas surgen alrededor de los 30 años y no suelen estar tanto provocadas por la pérdida de glicanos sino por la acción de los músculos de la cara. Son las llamadas arrugas gestuales, propias de personas muy expresivas y presentes sobre todo en frente, entrecejo y alrededor de la boca. En esta primera fase lo más eficaz es la prevención con cremas hidratantes usadas diariamente y protección solar.

A partir de los 35 años el óvalo de la cara empieza a desdibujarse y el cuello pierde firmeza. Surgen arrugas más profundas en el entrecejo y en torno a la boca y debemos comenzar a controlar las incipientes patas de gallo con cremas de contorno de ojos. Como normal general, a partir de los 40 años se necesitan cremas humectantes, regeneradoras y reafirmantes; los ingredientes que debemos buscar en nuestros productos de belleza son la vitamina C, el colágeno y la elastina.

Entre los 40 y 50 años los primeros signos de descolgamiento se hacen evidentes; se marcan las ojeras y el contorno de la boca pierde precisión. En esas edades lo mejor es elegir productos que frenen el relajamiento de la piel, la pérdida de luminosidad y la deshidratación acelerada como el retinol, un derivado de la vitamina A que estimula el tejido celular y mejora la resistencia cutánea. Si además va asociado a la vitamina C, poderoso antioxidante, reduce las manchas y blanquea la piel.

En torno a los 60 años las arrugas verticales ganan intensidad, el surco que va de la nariz a la boca se vuelve más pronunciado y la piel se torna menos elástica y vigorosa. Es muy posible que las arrugas profundas convivan con las líneas más finas de expresión. En esta etapa debemos elegir productos que compensen la debilidad de la confluencia dermo-epidérmica y cremas restauradoras de los lípidos perdidos.

Articulos Relacionados:
Contáctenos
 
 
Error in my_thread_global_end(): 1 threads didn't exit