La
luz solar es beneficiosa. Sin embargo, la tendencia al
bronceado ha llevado a muchas personas a tomar sol por
tiempos prolongados sin medir la exposición y sus
consecuencias. ¿Como tomar las precauciones?
El
sol tiene un lado brillante y positivo, capaz de aportar
calor y bienestar físico y mental. Tiene efectos
beneficiosos sobre el humor, estimula la glándula
pineal y combate el trastorno emotivo estacional, asociado
a la depresión y al aburrimiento invernal. Es indispensable
para la síntesis de la vitamina D, fortalece los
huesos y combate la osteoporosis.
Sin embargo, hay un lado oscuro que se dispara cuando
se toma en exceso y sin la protección adecuada.
Las dosis altas ponen en marcha la producción incontrolada
de radicales libres que reaccionan en cadena y son difíciles
de detener.
No todas las pieles toleran igual los efectos de los rayos
ultravioletas. La pigmentación que tiene cada una
-la cantidad y calidad de melanina que poseemos- es la
que determina la capacidad de defensa frente al sol. Antes
de tomar el sol es conveniente saber cuál es nuestro
tipo de piel para acertar con los índices de protección
que se deben utilizar para ponerse morena sin quemarse.
¿Cómo conocer nuestros índices
de protección?
Los
fototipos son los distintos tipos de piel, que se clasifican
en seis categorías diferentes: desde la piel muy
clara a la que le cuesta mucho broncearse hasta los tonos
muy oscuros que lo hacen rápidamente.
Clasificación por fototipos
Fototipo
0: Cabello blanco, ojos azules, piel albina,
sin pecas, bronceado nulo y piel muy sensible. Las personas
que poseen este fototipo deben evitar la exposición
solar.
Fototipo
I: Cabello pelirrojo, ojos verdes o azules, piel
muy claara, pecas muy numerosas, bronceado mínimo,
piel muy sensible. Protección extrema (FP 30) para
los primeros días y para el resto también
protección extrema (FP 25)
Fototipo
II: Cabello rubio, ojos claros, piel clara, pecas
numerosas, bronceado ligero y piel sensible. Los primeros
días, protección máxima (FP 20) y
el resto, protección máxima (FP 15)
Fototipo
III: Cabello Rubio o castaño, ojos pardos,
piel clara o mate, pocas pecas, bronceado claro y sensibilidad
media de la piel. Protección alta para los primeros
días (FP 12) para luego pasar a FP 10.
Fototipo
IV: Cabellos castaño, ojos oscuros, piel
mate, sin pecas, bronceado intenso y escasa sensibilidad
de la piel. La protección para los primeros días
es media (FP 8) y el resto de días FP 6.
Fototipo
V: Cabello castaño oscuro, ojos oscuros,
piel oscura, sin pecas, bronceado muy oscuro y piel poco
sensible. Los primeros días la protección
será mínima (FP6) y posteriormente FP4.
Fototipo
VI: Cabello y ojos negros, sin pecas, bronceado
negro y piel prácticamente insensible.
El bronceado no es más que la manifestación
de un proceso de autodefensa natural protagonizado por
la melanina y el capital solar. Este capital solar es
personal y genético, desde el nacimiento se empieza
a consumir y el 80% de las personas agota su capital solar
antes de cumplir los 21 años.
El mejor antídoto para evitar todos los problemas
que el sol pone en marcha, es tomarlo de manera gradual,
moderada y con la protección adecuada. De momento,
ésta es la única garantía para evitar
las manchas, el eritema y el fotoenvejecimiento.
Los protectores solares funcionan siempre que no se abuse
de las horas de exposición y se utilicen correctamente.
Se deben aplicar 20 minutos antes de tomar el baño
de sol, renovándose la aplicación cada hora
y media o después del baño.
¿Qué
se requiere antes de una exposición solar?
Muchas
son las personas que, durante los meses de primavera y
verano, sueñan con lucir un bronceado envidiable.
Sobre todo, porque es en esta época cuando las
prendas se hacen más ligeras y la piel deja de
estar permanentemente protegida bajo la gruesa ropa invernal.
No obstante, hay quienes olvidan que para conseguir ese
tono moreno tan bonito y atractivo el ‘proceso’
debe empezar varios días (incluso semanas) antes
de la exposición solar. ¿Cómo? Preparando
la piel a través de dos pasos muy sencillos:
Limpieza y exfoliación
Es absolutamente imprescindible para que la piel esté
preparada para broncearse. Y es que sólo habiéndonos
librado de las células muertas y de las impurezas
se conseguirá que el tono que vayamos a adquirir
sea uniforme, evitando así los ronchones. En realidad
se debería hacer durante todo el año con
una frecuencia aproximada de dos veces por mes (menos,
si la piel es grasa), pero si tan sólo quiere realizar
la exfoliación antes de tomar el sol, no lo haga
en las horas previas, pues eliminaría parte de
las defensas de la piel ante las radiaciones solares.

Hidratación
Si en invierno es necesaria, en los meses de buen tiempo
resulta fundamental debido a los rigores externos (sol,
aire acondicionado...) que hacen que la piel se reseque.
Por eso, de cara al verano es importante prepararla y
conseguir que quede tersa y luminosa. Sólo así
el bronceado posterior será más bonito y
duradero. No obstante, hay que tener en cuenta que no
se deben utilizar cremas demasiado untuosas. Para combatir
el calor y el sudor es mejor optar por hidratantes ligeros
y refrescantes, tanto de día como de noche.
Luego del bronceado, cuidados intensivos
Una vez que logra ese color canela que tanto buscó
con largas sesiones de bronceado, ¿sabe exactamente
lo que se esconde bajo esa piel dorada? Una piel dañada
que pide a gritos que le devuelvan un poco la vida.
Y
es que, como explica la esteticista María Moldes,
"a estas alturas, con el bronceado o, con las quemaduras
en la piel, el daño está hecho y no queda
más que solucionar el problema lo mejor posible".
Hidratar
Uno
de los primeros síntomas que se empiezan a notar
en la piel bronceada o quemada es la deshidratación,
es decir piel tirante, quebrada e incluso escamada, que
necesita con urgencia rehidratarse.
El primer paso para restablecer su estado más saludable
de la capa externa de la piel es la hidratación.
Para hacerlo, lo más aconsejable es usar productos
hidratantes, como cremas corporales de base acuosa, geles
y lociones indicadas para este fin.
Es muy importante que, antes de iniciar un tratamiento
de hidratación, se conozca muy bien el producto
que se usará.
Se recomienda lociones hidratantes que tengan entre sus
componentes aceites esenciales de manzanilla, sándalo,
jazmín y lavanda.
En el caso de las cremas hidratantes, estas actúan
en la superficie de la piel reforzando la película
de la epidermis y aumentando la capacidad de las células
para retener su reserva natural de agua.
Este proceso, justamente es lo que evita que la piel se
escame o se arruge, puntualiza.
Exfoliar
El paso siguiente, es hacerse un peeling o raspado de
la piel que arrastre y elimine todas las células
muertas de la capa córnea de la piel y favorezca
la penetración de los tratamientos hidratantes
que deben continuarse una vez realizado el peeling.
Mucha agua
Por otro lado, queda la hidratación interna que
es, según coinciden ambas especialistas, la menos
complicada, más barata de aplicar y también
importante: consumir mucha agua.
El agua resulta excelente para la hidratación y
eliminación de toxinas y actúa como un descongestionante.
Por último, solo queda continuar estos chineos
durante el tiempo necesario y esperar a que la piel vuelva
a lucir elástica, luminosa y con buena salud.
Soluciones
Caseras
Calmar el dolor por quemaduras, descongestionar
y regenerar la piel, es un proceso delicado
y sencillo que usted mismo puede hacer en casa.
Esta
es una receta sencilla para aplicar un tratamiento
completo de regeneración de la piel.
Ingredientes
-
Aceites esenciales de manzanilla, sándalo,
jazmín y lavanda.
-
Yogur natural.
-
Aceite de oliva.
-
Arcilla.
Preparación
de la arcilla
Se
hace con arcilla roja de alfarero de la de hacer
tiestos, se hierve en agua para desinfectarla,
y después se pasa por la licuadora añadiéndole
una cucharada de aceite de oliva, y 5 gotas
de aceite de manzanilla y 10 gotas de aceite
de sándalo).
¿Como
aplicarlo?
Primero,
en las zonas quemadas aplique una mezcla de
yogur natural con 5 gotas de aceite de lavanda
y 5 de manzanilla y deje actuar por media hora.
Luego,
al salir de la ducha y sin haberse secado, aplique
en todo el cuerpo, dando masaje, la loción
obtenida de mezclar 2 cdas. de aceite de oliva,
5 gotas de manzanilla, 5 de sándalo,
5 de jazmín. Seque el exceso de la mezcla
con un paño.
Una
semana más tarde, cuando la sensibilidad
por la quemadura solar haya desaparecido, aplíquese
una exfoliación con arcilla para renovar
las células.
La
forma de hacerlo es aplicar una capa generosa
de arcilla -tal como se explica en la preparación-
en todo el cuerpo; dejar secar por media hora
para luego aclarar con agua.
Durante
dos semanas continúe con el proceso de
hidratación.
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