El
envejecimiento es un hecho de la vida – todos envejecemos.
Sin embargo, no es la edad en sí misma la que molesta
a la gente, sino los signos visibles del envejecimiento
que pueden hacernos sentir viejos.
La salud de nuestra piel – ya sea en nuestro rostro
como en nuestro cuerpo- juega un gran rol con respecto
a cómo nos sentimos nosotros con nuestra vejez
y los otros la ven como el indicador más común
de nuestra edad. Siendo el órgano más grande
de nuestro cuerpo, la piel depende ampliamente del estado
de bienestar de nuestro cuerpo – si nuestro cuerpo
no está saludable, esto a menudo se refleja en
nuestra piel.
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La
estructura de la piel |
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Epidermis: la capa más externa de la piel.
Esta capa contiene células que producen la
pigmentación (melanocitos) que da color a nuestra
piel. Las nuevas células epidérmicas
se producen en la capa celular basal de la epidermis
y estas células gradualmente se elevan hacia
la capa externa de la epidermis, el estrato córneo
desde donde la piel se despoja de las viejas células
muertas.
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Dermis: debajo de la epidermis, la dermis contiene
vasos sanguíneos y linfáticos, nervios,
glándulas sudoríparas y glándulas
oleosas. La dermis está compuesta de aproximadamente
95% de colágeno (para darle fortaleza) y 3%
de elastina (para darle elasticidad), las cuales en
conjunto actúan como un colchón de apoyo
para la epidermis.
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Finalmente, debajo de la piel hay un tejido adiposo
que le da su estructura.
¿Qué
es el colágeno y la elastina?
El
colágeno es la proteína responsable
de la firmeza y suavidad de la epidermis. Su
rol es vital para la juventud y belleza de la
piel y la cantidad que el cuerpo produce decrece
con el paso del tiempo.
La elastina es la proteína encargada
de brindarle a la piel la capacidad de extenderse
sin quebrarse y permanecer elástica y
turgente. Al mezclarse con el colágeno
tiene la propiedad de retener el agua y atrapar
las enzimas, responsables de transportar los
nutrientes y acelerar las funciones de la piel.
El colágeno y la elastina, son considerados
el sostén básico de la piel.
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¿Qué
queremos decir cuando hablamos de que 'la piel envejece'?
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Las
sustancias colágeno y elastina dan a la piel su
firmeza y elasticidad. Aunque, con la edad, el contenido
de colágeno y elastina de la piel disminuye gradualmente.
Como resultado, la piel se vuelve más flácida,
débil, menos elástica y más seca.
Además, las capas de grasa debajo de la piel empiezan
a desaparecer. Se forman las arrugas y la piel empieza
a flaquear.
Esta
pérdida gradual de la estructura tienen varias
causas: La programación genética (un "reloj"
incorporado que causa el envejecimiento), el daño
solar acumulativo (fotoenvejecimiento) y los efectos químicos
directos de fumar cigarros y/o los químicos abrasivos.
Adicionalmente el daño solar causa arrugas finas
que desaparecen al estirar la piel, la aspereza superficial,
la pigmentación manchada, las manchas del "hígado"
y el cáncer cutáneo.
Algunos
de los signos de envejecimiento de la piel y las causas
del mismo son:
- Adelgazamiento
y arrugas: El adelgazamiento ocurre en la medida en
que disminuye la producción de células
en la epidermis. La dermis también puede tornarse
más delgada y estos cambios en ambas capas
hacen que la piel parezca más como papel crepé
y se arrugue. La piel envejecida se describe a menudo
como más similar al 'papel'
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Pérdida de la firmeza: La piel pierde firmeza
al envejecer porque produce menos elastina (fibras
elásticas que le confieren flexibilidad) y
colágeno (fibras densas que le confieren fortaleza).
Con estos niveles menores de elastina y colágeno,
la piel finalmente se rinde a las fuerzas de la gravedad
cayéndose y encorvándose.
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Manchas de la edad: Las células de la pigmentación
que contiene la epidermis (melanocitos) tienden a
aumentar en ciertas áreas, en particular en
el dorso de la mano que ha estado expuesto al sol,
y se agrupan formando lo que se conoce como manchas
de la edad.
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Sequedad: La piel envejecida tiene menos glándulas
sudoríparas y oleosas. Esto puede hacer a la
piel más propensa a condiciones de sequedad
como la aspereza y la picazón.
Si bien es posible que estos efectos nos ocurran a todos,
la velocidad y el grado de envejecimiento de la piel tienen
en parte que ver con factores genéticos. Aún
más significativa es la influencia que ejercen
los factores del estilo de vida. Y la lista de los “enemigos”
de la piel parece no sorprendernos:
El
sol
Los rayos UV emitidos por el son (y específicamente
los rayos UVA) destruyen el colágeno y la elastina
de nuestra piel. Los rayos UV también actúan
como un motor productor de la pigmentación de la
piel (melanina) lo que en apariencia resulta en las manchas
de sol o manchas de la edad. Algunos dermatólogos
sugieren que un 90% de los problemas asociados al envejecimiento
son el resultado de demasiada exposición al sol.
Sin tener en cuenta el porcentaje preciso, si buscamos
la prueba de los efectos del sol, simplemente comparemos
la piel de nuestro rostro con la piel de una parte del
cuerpo que no haya estado expuesta al sol con frecuencia
(por ejemplo ¡el trasero!).
El cigarrillo
Fumar causa severos efectos adversos sobre la piel ya
que la nicotina de los cigarrillos estrecha los vasos
sanguíneos y evita que la sangre circule hasta
los pequeños vasos en la capa superior de la piel.
Además fumar destruye el colágeno, responsable
junto con la elastina de mantener la piel elástica
y fuerte. Otro efecto adicional que puede tener el fumar
es disminuir la velocidad de cicatrización de las
heridas. La piel de un fumador se caracteriza por tener
más arrugas y una tez amarillenta / levemente grisácea,
resultado de la circulación pobre.
La contaminación y el medio ambiente
Vivir en un medio ambiente contaminado significa que nuestra
piel esté cubierta por una capa de suciedad que
bloquea nuestros poros. El moverse continuamente desde
atmósferas con calefacción central hasta
otras con aire acondicionado también puede causar
problemas, con la piel secándose y re-hidratándose
alternativamente.
Stress y falta de sueño
Todos sufrimos de ataques de stress ocasionales, y la
piel puede ser uno de los primeros órganos en mostrar
signos externos de stress interno: sequedad, sensibilidad,
manchas y exceso de grasa son todos los síntomas.
También es importante gozar de las horas necesarias
de sueño, ya que es cuando dormimos que nuestros
cuerpos y piel tienen tiempo de reponerse y rejuvenecer.

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Retardar
el proceso de envejecimiento |
No hay escasez de opciones de cosméticos disponibles
que prometan brindarte una piel que luzca más joven,
desde las cremas anti-edad en un extremo del espectro
hasta la cirugía en el otro. Sin embargo, antes
de entregar tu dinero, quizá te gustaría
probar primero alguno de los siguientes métodos
ya intentados y confiables para confrontar aquellos “enemigos
de la piel” y reducir los signos de envejecimiento:
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Protege tu piel del sol: cubrirte, usa un sombrero
y lentes de sol y aplica un protector solar con un
FPS mínimo de 15
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Evita fumar y atmósferas llenas de humo
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Reabastecer a las células y para disolver y
eliminar toxinas.
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Come una dieta saludable y bien balanceada: tan importante
para una piel saludable como para un cuerpo saludable.
Las vitaminas individuales son particularmente beneficiosas
para una piel saludable: por ejemplo, la vitamina
A para estimular la generación de nuevas células;
la vitamina C para construir nuevo colágeno;
la vitamina E, trabajando en conjunto con el selenio
(un antioxidante que se encuentra en alimentos tales
como el pescado, las carnes rojas y las nueces) para
protegernos contra los agentes contaminantes.
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Ejercicio regular: simplemente caminando cuando puedas,
harás que la sangre fluya, oxigenando tu cutis