La
lista de químicos dañinos para la salud pueden ser tan comunes
en los cosméticos tanto para el hombre como la mujer de
hoy que pueden estar presentes en casi todos los cosméticos.
La
mayoría de cosméticos carecen de control.
El simple
hecho de lavarse la cara o el pelo, maquillarse, cepillarse
los dientes, aplicarse un desodorante o teñirse el pelo
se puede convertir en un atentado contra la salud si no
se eligen los productos adecuados. Y es que buena parte
de la industria cosmética utiliza aún como ingredientes
de sus geles, jabones, perfumes, champús, maquillajes, desodorantes,
productos para bebés, dentífricos, espumas de afeitar, etc.,
sustancias tóxicas capaces de provocar un sinfín de trastornos
más o menos graves, cáncer incluido. Una realidad consentida
por las autoridades que debe ser puesta en conocimiento
del lector.
Muchas causan
alergias, problemas de pigmentación, irritación de la piel,
trastornos hormonales y daños genéticos a futuros bebés
entre otros. Además de ser agresivos para la piel, éstos
agregados químicos pueden ser nocivos para la salud a largo
plazo. Muchos de estos ingredientes son cancerígenos y son
usados por la industria cosmética sólo porque resultan más
económicos.
Este tipo de sustancias se encuentran sistemáticamente en
los humanos, en la leche materna y en la sangre del cordón
umbilical, lo que demuestra su amplia y descontrolada dispersión,
según constata un informe realizado por Greenpeace.
¿Alguna
vez se detuvo a pensar de qué está compuesto su desodorante
o antitranspirante favorito? ¿Examinó alguna vez los ingredientes
enumerados en las etiquetas de los envases de los cosméticos
y de otros productos de cuidado de la piel? ¿Sabe qué son
estos ingredientes?
Si alguien
le tradujera la lista de componentes de los productos que
utilizamos, posiblemente se asombraría de los resultados
antinaturales.
Datos
alarmantes
El EWG Grupo
Medioambiental (Environmental Working Group) advierte que
la mayoría de los cosméticos y productos de cuidado personal
que se venden en los Estados Unidos no alcanzan a ser controlados
por los organismos gubernamentales para que cumplan con
todas las normativas de sanidad.
Todos
los años, el EGW actualiza una base de datos en la que se
analizan 7.500 marcas de jabones, champús, esmaltes para
uñas, tintes de cabello y maquillajes. El resultado es que
la mayoría de las marcas contienen ingredientes que pueden
dañar al organismo y que no han sido controlados por la
FDA.
Según una
encuesta realizada por la EGW, junto con otras cinco organizaciones
sanitarias y medioambientales, los adultos usamos cada día
unos nueve productos de cuidado personal, exponiéndonos
a unos 126 químicos, algunos de los cuales no han sido probados
en profundidad.
Mientras
en el mercado se encuentran disponibles más de 85.000 productos
cosméticos, menos de un 10% ha sido analizado para saber
los efectos que estos podrían causar en nuestra salud.
Según la Agencia para la Protección de la Salud del Reino
Unido, cada mes aparecen en el mercado más de 600 sustancias
químicas nuevas que se añaden a la lista ya existente.
La lista
de productos que se pueden considerar cosméticos es pues
amplísima y pasa por cremas, emulsiones, lociones, geles,
aceites para la piel, máscaras de belleza, maquillajes,
jabones, aguas de colonia y perfumes, champús, depilatorios,
desodorantes y antitranspirantes, productos capilares, para
el afeitado, para desmaquillar, para los labios, para el
cuidado bucal y dental, para las uñas, para los bebés, para
el cuidado íntimo externo, para la protección solar o para
el bronceado sin sol...
Las sustancias
de los productos cosméticos no se quedan en la capa más
superficial de la piel sino que se absorben y pasan a la
sangre pudiendo provocar dolencias de todo tipo.
Si bien
en algunas partes del mundo hay leyes reguladoras, que especifican
claramente que no pueden contener sustancias clasificadas
como carcinógenas, mutágenas o tóxicas pero un simple vistazo
a las etiquetas -incluso de marcas internacionalmente conocidas
y de prestigio- demuestra que las leyes no se respetan.
Son cada vez más los expertos que entienden que muchos cosméticos
son auténticos venenos, por legales que sean. Porque aunque
la excusa sea que no son peligrosos ya que los tóxicos que
contienen están en pequeñas cantidades hablamos de productos
que en muchos casos se utilizan a diario y, por tanto, la
cantidad de sustancias perjudiciales que termina entrando
en nuestro organismo es al final elevado.
Pareciera
ser que el abismo entre la ciencia y los consumidores es
enorme.
Ingredientes
Peligrosos
Aquí
enumeraremos solo los componentes más comunes, advirtiendo
que por razones de espacio no citaremos todas las "sustancias
sospechosas" de peligrosidad que utiliza los productos de
cuidado personal. Sustancias que, afortunadamente, no se
usan en la cosmética natural en la que más del 90% de sus
componentes son materias primas naturales de origen no animal.
Aclarado este punto recogemos un listado de las sustancias
consideradas más peligrosas. Por precaución, evítelas en
la medida de lo posible. Estás son:
Se trata
de sustancias derivadas del petróleo que la industria cosmética
utiliza como agentes antibacterianos y para mejorar la textura
de las cremas de tal forma que resulte agradable ponerlas
sobre la piel. También son uno de los ingredientes principales
de los productos para el cabello, las lociones para después
del afeitado, los desodorantes, los enjuagues bucales, los
aceites para bebés, las pastas de dientes, etc.
Su uso industrial
resulta muy rentable ya que son aceites que cuesta muy poco
obtener, algo que para algunos prima sobre el hecho de que
sean altamente cancerígenos. Además estas sustancias cubren
la piel como si fueran una envoltura de plástico de tal
forma que tapan los poros, bloquean la respiración de las
células, extraen la humedad de la piel y la sacan a la epidermis
de manera que ésta aparece brillante e hidratada. Pero sólo
aparentemente porque, en realidad, a causa de esa capa plástica
que la recubre la piel queda incapacitada para cumplir con
sus funciones de defensa. Entre otras cosas, impide eliminar
toxinas a través de la piel y, como consecuencia, aparecen
acné, irritaciones, rojeces y otros desórdenes además de
hacer que envejezca prematuramente. De ahí que cuando se
dejan de usar estas cremas con aceites minerales la piel
aparezca aún más seca y estropeada que cuando se empezaron
a usar.
En las etiquetas
estas sustancias pueden aparecer en su denominación latina
o castellanizada (vea a este respecto el recuadro adjunto).
Las más habituales son aceite mineral, paraffinum, paraffinum
liquidum, petroleum, etc.
También
son derivados del petróleo sustancias como la cera microcristalina,
el ozokerite, el ceresin y la vaselina. Pero de entre estos
derivados destaca especialmente el glicol propileno. Se
trata de un líquido incoloro que forma parte de la composición
de multitud de productos cosméticos... ¡y también de pinturas,
detergentes para ropa, ceras para suelos y anticongelantes
y líquidos de freno de los coches! De esta sustancia se
pregona que ayuda a retener la humedad de la piel y que
hace que ésta se perciba al tacto suave y sedosa... pero
lo que no se dice es que numerosos estudios relacionan el
glicol propileno con la dermatitis de contacto y con algunos
trastornos del riñón o del hígado, que puede inhibir el
crecimiento de las células epidérmicas e irritarlas (de
hecho se le considera el principal irritante de la piel,
incluso en concentraciones muy bajas) y que puede también
irritar los ojos, causar trastornos gastrointestinales,
náuseas, dolor de cabeza y vómitos además de afectar al
sistema nervioso central.
Los ftalatos
son sustancias disolventes y suavizantes que se pueden encontrar
con excesiva facilidad en cremas, esmaltes de uñas, perfumes,
lacas de pelo y desodorantes. Y eso que el Parlamento Europeo
prohibió su uso -a partir del pasado 1 de enero- en la fabricación
de juguetes que puedan meterse en la boca y en artículos
de puericultura ya que se les relaciona con daños en los
sistemas reproductor y endocrino así como con un aumento
del riesgo de padecer asma y cáncer. Así al menos consta
en algunos estudios; por ejemplo, en el realizado por la
Universidad de Rochester (Estados Unidos) que señala que
la exposición a estas sustancias está también ligada a un
elevado riesgo de anomalías genitales en bebés varones.
Pues bien, hay seis tipos de ftalatos que no se pueden usar
ya ni en la fabricación de juguetes por razones de seguridad
pero puede encontrárselos en diversos cosméticos. Revise
las etiquetas y evítelos, especialmente los tres primeros
que mencionamos. Hablamos del dietilhexiloftalato (DEHP),
el dibutilftalato (DBP), el butilbenzilftalato (BBP), el
diisononilftalato (DINP), el diisodeciloftalato (DIDP) y
el dinoctilftalato (DNOP).
El fenol
y el fenil son sustancias que se utilizan como desinfectantes
en el ámbito de la medicina y como conservantes en la industria
de la cosmética. En el caso del fenol, por ejemplo, es conveniente
saber que se trata de un alcohol que se produce mediante
la oxidación parcial del benceno lo cual lo convierte en
un ingrediente tóxico que puede afectar al sistema nervioso
central, al corazón, al hígado, al riñón y a la piel. Nitropheno,
phenolphthalein o chlorophenol son sólo algunas de las denominaciones
bajo las que puede aparecer. En cuanto al fenil -que se
incluye muy a menudo en los cosméticos con el nombre de
phenylenediamine sulfate- penetra por la piel, accede al
torrente sanguíneo y puede causar problemas hepáticos.
Estos alcoholes
son incorporados en productos de todo tipo pero especialmente
en los enjuagues bucales. De hecho, algunos contienen más
alcohol que la cerveza, el vino y otros licores (por ejemplo,
el conocido Listerine contiene un 21,6% de alcohol y por
ello en el recipiente figura una etiqueta de advertencia).
Etiqueta que, sin embargo, no aparece en las lacas para
el pelo, en muchas de las cuales el 95% de su composición
la suele constituir el alcohol etílico. Pues bien, debe
saber que cuando se enjuaga la boca con ellos el alcohol
actúa como solvente y hace a los tejidos más vulnerables
a padecer distintas dolencias, incluido el cáncer. Al menos
así lo demuestran algunos estudios realizados al respecto.
Los datos no dejan lugar a la duda: los varones que normalmente
utilizan enjuagues que contienen un 25% de alcohol tienen
un 60% más de posibilidades de padecer cáncer de boca o
de garganta que quienes no los usan. En el caso de las mujeres
ese peligro llega al 90%.
- Ingredientes
artificiales o sintéticos
La lista
de cosméticos que contienen ingredientes artificiales o
sintéticos es prácticamente interminable: champús, dentífricos,
jabones, geles, limpiadores faciales, lociones, acondicionadores
para el pelo, mascarillas, etc.
Por un lado
están los PEGs -abreviatura de glicol polietileno- que son
sustancias emulgentes que se utilizan para cuajar agua y
grasa o detergentes. En sí mismas no son tóxicas pero contribuyen
a eliminar el factor protector natural de la piel por lo
que el sistema inmune queda más expuesto y, por tanto, es
más vulnerable. Es decir, que la piel y, por extensión,
el organismo se hacen más receptivos a otras sustancias,
incluidas las tóxicas. De ahí que no se permita usar más
de cinco PEGs en un mismo producto. ¿Y cómo reconocerlas?
Pues suelen aparecer con las siglas PEG seguidas de un número
que indica su peso molecular pero también se las reconoce
por las letras eth al final como es el caso de steareth,
ceteareth o -uno de los más empleados- sodium laureth sulfate.
Este último no debe confundirse con el sodium lauryl sulfate,
un detergente muy irritante utilizado en el 90% de los champús
y dentífricos convencionales que se encuentran en el mercado.
Su efecto es tal que, por el simple contacto con la piel,
se absorbe y se almacena en los tejidos del corazón, el
hígado, los pulmones, los ojos y hasta el cerebro. Y su
listado de efectos adversos no termina ahí ya que se sabe
que también afecta al sistema inmune, interactúa con otros
ingredientes favoreciendo la aparición de cáncer y en cantidades
suficientes puede modificar el material genético contenido
en las células. De hecho, en los laboratorios se utiliza
para inducir mutaciones en bacterias. Además, al menos en
animales, causa problemas de pigmentación en la piel, corroe
los folículos pilosos y retarda el crecimiento del pelo.
Otro químico
extremadamente peligroso es la diethanolamine (DEA). Y eso
que se trata de una base detergente y espesante que figura
en la etiqueta de más de 600 productos cosméticos y para
el hogar. Sobre esta sustancia el doctor Samuel Epstin -profesor
de Salud Ambiental de la Universidad de Illinois (Estados
Unidos)- afirma que, aplicada en repetidas ocasiones sobre
la piel de ratas, hace aumentar exponencialmente la incidencia
de cánceres de hígado y de riñón. Afirmaciones sobre su
peligrosidad que serían corroboradas por John Bally -supervisor
de la División de Cosméticos de la Food and Drugs Administration
o FDA (la "Agencia del Medicamento" estadounidense)- al
reconocer que diversos estudios han establecido el riesgo
que implica una exposición continua a ella, especialmente
en el caso de los niños.
Son sustancias
que se emplean para darle el color deseado a cremas, geles
de baño, maquillajes, tintes, etc. Pues bien, muchos de
ellos han demostrado -al menos en animales- ser altamente
cancerígenos y alterar las moléculas de ADN. Se les puede
reconocer porque sus denominaciones incluyen las sílabas
anilin o anilid -por ejemplo, el acetanilid- o por otras
fórmulas más sencillas como HC (HC Orange 3), Acid (Acid
red 73) o Pigment (Pigment Green 7).
Muchos estudios
relacionan los solventes con el aumento de la incidencia
de cáncer. Algunos de ellos -como los que contienen el término
isopropil- se usan también como solventes de pinturas y
forman parte de la composición de los líquidos anticongelantes
de los coches. Es una sustancia derivada del petróleo que,
sin embargo, la industria cosmética convencional incluye
en tintes de pelo, cremas de mano, exfoliadores, cremas
y espumas de afeitar, colonias y otros muchos cosméticos.
Hablamos
de fragancias muy baratas y de fácil producción que se añaden
a perfumes, geles de ducha, jabones, desodorantes, productos
para los bebés, champús, cremas de manos y corporales, etc.
Se las considera peligrosas porque son bioacumulativas y
se sospecha que puedan producir trastornos en los sistemas
reproductor y endocrino. Además se ha observado que una
vez sobre la piel pueden causar alergias, dolores de cabeza,
mareos, tos, manchas oscuras en la piel, pérdidas de concentración
y hasta cáncer. Entre otras muchas, se esconden en denominaciones
como acetil hexametil -que incide sobre el sistema nervioso-
o bromocinnamal -que resulta irritante para la piel-. Una
de las más utilizadas es el tonalide.
- Liberadores
de formaldehído
Se trata
de uno de los conservantes más utilizados por ser un potente
antimicótico. De ahí que se utilice incluso en la fabricación
de materiales de construcción y de muebles ya que previene
y evita la aparición de moho y hongos. Es altamente cancerígeno
por inhalación. Además exponerse a él puede causar dolores
articulares, de cabeza o de pecho así como alergia, irritación
y envejecimiento prematuro de la piel, daño en las membranas
celulares y malformaciones en los fetos. Su uso está prohibido
en cosmética pero como es un conservante muy barato y efectivo
la industria se las ha ingeniado para crear sustancias que
directamente no se pueden considerar formaldehídos pero
que lo liberan. ¿Cómo reconocerlas? De dos formas. Una es
fijarse en los ingredientes que se acompañan de la palabra
urea como diazolidinil urea, imidazolidinil urea o poliximetileno
urea (no debe confundirse con la urea que se encuentra en
la sangre y que es el resultado del metabolismo de las proteínas).
La otra forma de identificar estas sustancias es fijarse
en que llevan las letras DM delante del nombre del conservante
químico como es el caso de la DM hidantoina. Respecto de
estas dos sustancias destacan los estudios realizados en
la prestigiosa Clínica Mayo (Estados Unidos) que demuestran
que el imidazolidinil urea y el DM hidantoina irritan el
aparato respiratorio y la piel y pueden producir palpitaciones.
Y los mencionados
no son los únicos conservantes liberadores de formaldehído.
También lo hacen el dimetil oxazolidino, el armilacetato
o el alkifenol.
Otras
sustancias para preocuparse
Es una sustancia
químicamente muy similar al asbesto o amianto, elemento
conocido por provocar cáncer (especialmente de pulmón).
El talco forma parte de numerosos productos cosméticos,
entre ellos los maquillajes y los polvos para los bebés.
Pero también se emplea para lubricar los condones. En este
sentido, por ejemplo, ya en 1997 se publicó en la Revista
Americana de Epidemiología que a largo plazo usar talco
en la zona genital hace que el riesgo de padecer cáncer
de ovarios aumente hasta un 60%. Además se sabe que tapa
los poros de la piel y que impide sus funciones normales.
Es otro
elemento sobre el que también hay sospechas fundadas acerca
de su toxicidad. De hecho se han realizado numerosos estudios
-algunos de ellos incluso por la Organización Mundial de
la Salud- sobre la relación entre el aluminio y el Alzheimer.
Destacando el hecho de que en las autopsias realizadas a
pacientes que padecían esa enfermedad se encontraran en
sus cerebros grandes concentraciones de aluminio. Además
gracias a esas investigaciones se sabe que el aluminio puede
unirse al ADN y modificar su estructura así como alterar
la actividad de los genes. Y su absorción se produce tanto
por vía oral como a través de la piel. De ahí que los cosméticos
que lo contienen sean una fuente de contaminación que se
debe tener muy en cuenta. Especialmente porque el aluminio
-en sus distintas formas- puede encontrarse en cremas hidratantes,
pintalabios, desodorantes, antitranspirantes, etc. Un ejemplo
de la utilización cosmética del aluminio es su presencia
-en forma de clorhidrato de aluminio- en la mayoría de los
antitranspirantes que se encuentran en el mercado. Sólo
que si bien su acción astringente consigue reducir o inhibir
el flujo de sudor también puede causar cáncer de mama al
provocar la mutación de las células. Ello se debe al parecer
a que al evitar la eliminación de toxinas a través de las
axilas fuerza al cuerpo a depositarlas en las glándulas
linfáticas que se encuentran bajo los brazos. Y tal sería
la razón de que la mayoría de los tumores cancerígenos de
mama se encuentren precisamente donde se encuentran esas
glándulas.
Cabe agregar
que efectos similares a los del clorhidrato de aluminio
los provocan los parabenos, sustancias bacteriostáticas
y fungicidas utilizadas en multitud de productos de belleza.
Estas sustancias pueden imitar el comportamiento de los
estrógenos y favorecer el crecimiento de tumores asociados
a los niveles de éstos como es el caso del cáncer de mama.
Lamentablemente los parabenos -en cualquiera de sus formas-
se encuentran en más del 90% de los productos que permanecen
en piel y en más del 70% de los que se enjuagan.
El mercurio
es un metal pesado de elevada toxicidad a pesar de lo cual
a la industria cosmética se la permite utilizarlo como conservante
en productos de maquillaje y desmaquillaje de los ojos siempre
que su concentración máxima sea del 0,007%. En la etiqueta
se puede encontrar bajo la nomenclatura tiosalicilato de
etilmercurio.
Cabe mencionar
el butilhidroxitolueno o BHT (también puede aparecer como
E-321). Se trata de un antioxidante sintético que a pesar
de no ser un agente mutágeno es capaz de modificar la acción
de ciertas sustancias que pueden provocar cáncer. Se ha
constatado en ratas que a altas dosis afecta a la reproducción
y al número y desarrollo de las crías.
Opte
por lo Natural
Tras
lo expuesto nuestro consejo es obvio: opte por productos
naturales. Y sepa que para que un cosmético pueda considerarse
"natural" ha de estar compuesto en más del 90% por materias
primas naturales de origen no animal y carecer de sustancias
irritantes, tóxicas o peligrosas. Tienen además la ventaja
de que las sustancias que se usan en su fabricación proceden
mayormente de plantas por lo que en muchos casos fortalecen
y mejoran también las funciones dérmicas.
Eso sí,
sepa que no existe una cosmética 100% natural ya que la
mayoría de los productos llevan algún conservante -aunque
sea suave- para garantizar su durabilidad y un emulgente
que permita mezclar y cuajar las sustancias obtenidas de
las plantas y el agua. En todo caso, la cantidad de sustancias
químicas o sintéticas que se añaden -como vemos, por pura
necesidad- es menor de un 10% de la composición final del
producto. Esto explica, entre otras cosas, su elevado precio,
superior al de los productos que para los mismos fines ofrece
la industria cosmética convencional. Claro que cuando está
en juego la salud no debería haber ninguna duda a la hora
de elegir.